Cambiando el rumbo: De Delhi a Goa

De Delhi a Goa

India y sus trenes. Sus trenes y yo. Una relación tormentosa que empezó con mal pie y al parecer no mejora.

Nos vamos de Agra dirección a Delhi. Allí tenemos nuestro tren que nos llevara a Jaisalmer, a la frontera con Pakistán. ¡Por fin voy a montar en camello!! Esos eran mis pensamientos antes de llegar a la estación de tren de Agra. Mi tren tiene un retraso de 3 horas. Necesito otro tren para poder llegar a Delhi con suficiente tiempo para coger mi tren a Jaisalmer. Lo tengo reservado desde hace 10 días.

Después de hablar con unos y con otros, después de mi primera experiencia, ya soy una profesional y consigo un ticket para un tren a Delhi que sale en media hora. ¡Así que problema resuelto! Me dirijo a mi asiento y me dispongo a disfrutar del camino leyendo un poco. Tras hora y media de camino el tren se detiene, no hay estación cerca, algo extraño… Pasan los minutos, pasan las horas… 4 horas para ser exactos hasta que nos volvemos a mover. Esto no me puede estar pasando.

Después de 4 horas de desesperación, dolor de culo, hambre e innumerables funciones de niños indios en el tren, lo único que puedo pensar es llegar a tiempo. Pero no. Por supuesto que no. India no me lo va a poner tan fácil.

Tras llegar a Delhi y comprobar que mi tren a Jaisalmer ha salido puntual como un reloj (no podía ser de otra forma), salgo fuera de la estación, me siento con mis mochilas, me enciendo un cigarro y mi mente se pierde en el infinito por unos momentos. –Y ahora qué hago? – reacciono de ese bloqueo emocional. –No tengo hostal, ni reserva, ni otro billete de tren. Están agotados para toda la semana. –

Me enciendo otro cigarro, un señor se acerca y me dice –Hay una consigna por si quieres dejar la mochila- Le miro sorprendida. Me está hablando en castellano, es español. – Aun no sé a dónde voy. – Le conteste. Me miro e intuyo que algo malo me pasaba y bien sonriente me contesto. – ¿Sabes? No hay nada que un buen curry no pueda solucionar, Vamos. – No le conocía, pero me entendía, le acompañe a un local cerca de la estación, me contó su vida. Un señor de Zaragoza, jubilado que se dedica a la joyería. Viene un par de veces al año a India a aprender sobre las piedras preciosas y a trabajar en una orfebrería en Pushkar. Le es cucho atenta, y después le explique más o menos lo que me había pasado y mi relación toxica con los trenes. –He venido a la India sobre 9 veces, se a lo que te refieres. Deja de pensar como española. Esto no es España. Es India. Un país que te mantiene vivo porque no te tregua. No te rindas, apenas te acostumbres lo disfrutaras- Fueron las palabras que necesitaba oír. Estaba a punto de cogerme un vuelo a Tailandia y pasar de la India. Pero no, yo no me rindo. Este país no va a poder conmigo.

José me recomendó un hostal donde dormir no muy lejos al que fui directamente. Era ya de noche y necesitaba descansar. En la cama seguí buscando alternativas para llegar a Jaisalmer, bus, avión, elefante… pero ninguna me cuadraba. Así que para que luchar contra el destino. Al parecer el destino no desea que llegue a Jaisalmer. Le haremos caso.

No hay trenes a ningún sitio. Es temporada alta, es Navidad y todo está reservado desde hace 2 meses. Busco vuelos, el vuelo más barato para el día siguiente. Goa. La playa. Suena espectacular. En Delhi hace un frio de perros y necesito un poco de brisa marina. Además, ¿qué mejor sitio que la playa para pasar las navidades? – Necesito salir de esta ciudad, es demasiado intensa- Me autoconvencí a mí misma.

Desde luego no estaba en mis planes, Goa es la zona más turística y quizás más “occidental” de India, por lo que quería dejarlo para el final… pero si las cosas vienen así pues las tomamos y punto. Además, mi filosofía en este viaje es “dejarme llevar” no tener planes ni expectativas.

Estoy reflexionando en mi habitación, sobre José, el zaragozano y sus palabras que me ayudaron mucho. Salgo en unas horas hacia Goa. En mi habitación aparece un compañero con una gran sonrisa y que emite una energía sensacional.

–Where are you from? – Me preguntó.

–Spain. – Le conteste.

–Como yo!

A partir de ahí empezamos a hablar, resulta que él era de Campillo de Arenas, me contó sobre su aventura en Shanghái, Sudeste Asiático, India…. Fue como encontrar a alguien que al fin puede ver a través de ti. Fran me dio un subidón de energía en un momento de bajón. Es una de esas personas que agradecer haber conocido, y que no necesitas mucho tiempo para sentir una conexión al instante. Unas horas de conversación antes de irnos a dormir que, sin duda, no habría tenido si hubiese cogido ese tren. Bendito destino.

Por fin aterricé en Goa, 30 grados más de temperatura en 2 horas y media de vuelo. Sienta genial. Pero mi único pensamiento es llegar al hostal para quitarme los vaqueros y las zapatillas. Goa es otro rollo, no hay tráfico, no hay alboroto, el aire es limpio, muchísima vegetación y en general te aporta una relajación al instante. En los 40 minutos de taxi ves muchos extranjeros en scooters, pequeños caminitos sin asfaltar llenos de pequeñas tiendecitas, muy colorido, la gente es tranquila, no encuentro la “intensidad” de Delhi y eso me gusta.

Al fin llego al hostal, un pequeño rincón entre la playa y la naturaleza. Me descalce para entrar, una cara sonriente me saluda. Esto me gusta. Noto un ambiente de despreocupación, tranquilidad, solo se escuchaba el sonido de los pájaros, un olor a incienso que penetraba mi piel, un montón de libros y hamacas… Era lo que necesitaba. Buena decisión Carmen.

¿Cómo serán los próximos días en Goa?

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