Ashvem, el lugar donde el amor te encuentra

Ashvem es paz, es armonía. La otra cara de Goa.

Incluso su nombre, su sonido, o sus letras se mezclan con cierta armonía que el simple hecho de pronunciarlo te relaja. Mi habitación está a 50 metros de la playa así que me duermo con el sonido de las olas y al despertar desde mi ventana puedo ver las palmeras dibujando su silueta. Kilómetros de playa, de arena blanca e impoluta y solo unas pocas personas caminando, meditando o practicando yoga. Es paz.

Mi estancia en Ashvem termino, y como siempre, cada vez que me marcho es el inicio de un dolor en el corazón ya que un pedacito de él se queda en cada lugar.

Ashvem es un lugar donde perderse. Y donde encontrarse.

Encontré ARMONIA, un lugar tranquilo donde pasear por su minúscula calle principal bordeando la playa. Entrar en sus pequeños supermercados, sus fruterías, sus tiendecitas de ropa. Es un pequeño pueblito que puedes recorrer en 20 minutos, pero su playa es la más increíble que he visitado. Kilómetros de playa totalmente virgen, limpia y sin bullicio donde puedes llegar al pueblo de al lado, Arambol, simplemente caminando por la orilla. Una playa donde hay miles de cangrejitos diminutos corriendo de un lado a otro y escondiéndose. A veces te miran por un segundo y vuelven a correr. Amo esos animalejos. Han sido unas semanas de paseos interminables, de silencio, de horas de meditación y reflexión y donde cada día terminaba con una KingFisher y muchas risas. Encontré un hogar lejos de mi hogar y a pesar de ser una zona donde el turismo predominante es de origen ruso, nunca me sentí fuera de lugar.

Encontré INOCENCIA, encontré un lugar lleno de niños jugando en las calles. Al lado de mi hostal vivía una familia con 3 niños de unos 6-8 años, están siempre en la calle inventando juegos o armando travesuras. No saben lo que es un iPad, ni internet, ni una videoconsola. Nunca se aburren. El mayor cuida de los dos más pequeños, les regaña todo el rato y es un poco mandón, pero no hay una sola vez que los haya visto separados.  Cuando me ven siempre se ríen y se esconden, un día me uní a su partido de futbol, cuando los deje para volver adentro se abalanzaron sobre mí y me abrazaron para que no me fuera. No hay nada que pueda superar la inocencia de un niño y la energía que te transmiten. Ni siquiera hablamos el mismo idioma, pero no hace falta. Puedes ver esa ilusión en el brillo de sus ojos cuando les saludas o incluso le dices algunas palabras en hindi. Son católicos y celebraron la navidad como cualquier familia. Les regale un balón nuevo y su cara al verlo es el mejor regalo que cualquier persona puede tener. Ningún niño merece jugar con un balón pinchado.

Encontré CONFIANZA. Es el segundo país más poblado del mundo, por estadística es probable que pasen más cosas desagradables que en cualquier otro país. He de decir que no me sentido insegura en ningún momento. Aquí no hay farolas o luces en la noche así que muchas veces tienes que caminar en la oscuridad de la calle o de la playa. Siempre me he sentido a salvo. Incluso más que en España. Aquí la gente sigue durmiendo con las puertas de sus casas abiertas. Es un tema cultural y/o religioso. Es su educación. Si voy al supermercado y no hay nadie para atenderme, simplemente cojo lo que necesito y dejo el dinero en el mostrador. Un día fui a comprar al supermercado de las afueras y al sacar el móvil se me cayó un billete de 50 rupias (60 cents aprox.), un señor averiguo por donde me había ido y vino a mi hostal a traérmelo. Simplemente increíble.

 

Encontré NATURALIDAD. Llevo 23 días sin maquillaje, sin productos químicos, ni cremas antiarrugas, ni cremas hidratantes, ni corrector de ojeras… Mi piel nunca ha brillado tanto, mi pelo nunca me ha crecido tan rápido, tengo las uñas irreconocibles. Soy YO. 100% al natural, sin conservantes ni colorantes. Cada día me veo más guapa, cada día me quiero más. Es increíble la sensación de no tener que lucir perfecta cada día o  no pensar que ponerte….

Encontré el SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD. Siempre he odiado la Navidad, la he visto como una excusa para gastar dinero, fingir y aparentar. Estas navidades han sido diferentes. No ha habido regalos, ni vestidos de fiesta, ni cenas caras. Simplemente personas lejos de su familia que hemos encontrado el significado de estar juntos en esos días, de celebrar y de vivir cada día al máximo. Personas de más de 20 nacionalidades distintas, que no hablan el mismo idioma, ni tienen la misma religión, ni la misma cultura… De Paz y Amor. Eso que se dice en todos los villancicos, pero hemos olvidado. De querernos, de respetarnos, de ser felices. De eso se trata la Navidad.

 

Encontré el AMOR. Por bromas del destino, casualidades impredecibles o quizás simplemente porque tenía que pasar. Ashvem me hizo conocer a una persona con la que experimente el famoso “amor a primera vista”, ese del que todo el mundo habla. Existe. Una persona que te pide indicaciones porque se ha quedado la moto sin gasolina… y a los 10 minutos sois inseparables, como si os conocierais de toda la vida. Cada mirada es una caricia al corazón que hace que se curen las heridas y que vuelvas a creer en él. Así es. Una coincidencia. Por eso amo viajar, estas cosas no serían posibles sin la locura de viajar. Encontré a Saša, un alemán de origen serbio-español que nunca en mi vida hubiera conocido sin haber venido a la India. Una persona que ha puesto mi mundo al revés y cambiado todos mis planes. Una persona con la cual no haces planes, porque sabes que vuestros caminos toman rutas diferentes y tan solo quieres aprovechar cada instante, cada momento, cada segundo. El hizo que tuviera el mejor comienzo de año nuevo de toda mi vida. El me curo.

El día que nos despedimos, después de desayunar en Boris, nuestro restaurante favorito, nos dirigimos hacia su moto que nuevamente se había quedado sin gasolina… como el día que nos conocimos. El me pidió que me fuera con él ese mismo día a Buenos Aires, le dije que necesitaba tiempo. Me pregunto si iba a escribir sobre él. Le conteste que no podrá escribir nada sin mencionarlo. Me regalo su camiseta y su perfume, él sabia que me encantaba. No fue una despedida, no hubo lágrimas, le dije que encontraríamos la manera de volver a estar juntos en cualquier lugar del mundo. Y así es. Nos encontraremos en Perú el 1 de marzo, solo hizo falta un día sin él para decidirme. Sé que él estará leyendo esto, así que espero que el traductor de Google se porte bien. Este post te lo dedico a ti.

 

Pero hasta entonces continuo mi viaje. En solitario por ahora, pero con su perfume.

 

Ahora estoy en Kerala, la Venecia de la India… con hombres de grandes bigotes y que llevan falda. Un lugar donde los mosquitos son invencibles y la comida espectacular.

El viaje de Carmen continua.

 

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